Debo derrumbar estas ruinas:
donde el dolor me consume en la noche,donde los pensamientos repiten rutinas de temor.
He llegado al borde de mis silencios,
aturdida por la memoria de las flores
que insisten en no marchitarse.
Debo dejar de nombrar las ausencias
como si fueran pasajeras.
Debo dejar de nombrarte en la noche
como si volvieras.
Se termina el café.
Tomo la cuchara, revuelvo,
respiro...
dos soplos de calor y frío.
El azúcar…
olvidé el azúcar.
Debo derrumbar estas ruinas en que me consumo.
Los silencios llegan al punto de quiebre,
y las flores del jardín siguen despiertas,
como si supieran que nombrarte aún es un hábito.
Se acaba el café.
El gesto se repite: cuchara, soplo,
la respiración intermitente entre calor y frío.
El azúcar no llega a la taza.
El olvido tiene la forma exacta de un grano disuelto.
Te nombro, otra vez.
El azúcar…
olvidé el azúcar.
Debo derrumbar estas ruinas en que me consumo.
Los silencios llegan al punto de quiebre,
y las flores del jardín siguen despiertas,
como si supieran que nombrarte aún es un hábito.
Se acaba el café.
El gesto se repite: cuchara, soplo,
la respiración intermitente entre calor y frío.
El azúcar no llega a la taza.
El olvido tiene la forma exacta de un grano disuelto.
Te nombro, otra vez.
En este domingo, en la hora crepuscular, donde siempre convergen
el café y la nostalgia.
Jimena H.
me encantó "se termina el café. tomo la cuchara, revuelvo, respiro dos soplos de calor y frio, el azucar.." vivir con fantasmas y poder recordar aveces es agotador
ResponderBorrarEl ritmo es pausado, meditativo, como el acto de revolver el café.👍
ResponderBorrarMe sumergi en esa taza y mi memoria lo nombró en cada vuelta de cuchara y en cada soplido que sentí en tus palabras.
ResponderBorrarSe puede sentir el tener alguien en la cabeza que no se quiere ir.