Mientras viajo contemplo el cielo multicolor.
Que atardecer tan melancólico,
por primera vez no salir corriendo de Calama.
Me abraza el rojo, me recuerda al amor de mi madre.
Acepto el naranja, me recuerda a lo ácido del humor de mi hermana.
Contemplo el amarillo, me recuerda a las advertencias de mi hermano.
A lo lejos veo el azul, me recuerda a la frialdad q a veces tiene mi abuela.
El desierto y yo, en un viaje intenso
de sensaciones extrañas pero que abrazo con amor.
Me parece increíble como un espacio aparentemente sin vida puede albergar tantas historias. ¿Será los pampinos miraban con la misma melancolía el atardecer?
Mientras veo el sol desaparecer, tengo la esperanza que mañana será un nuevo día con un nuevo camino que recorrer, un renacer.
Gracias cielo querido, por recordarme que en este desierto es donde más me han querido.
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