Ahora que todo quedó en silencio
es preciso enmendar los sueños
y las ilusiones de tiempos buenos,
coser con hilos de memoria los bordes deshilachados del tiempo.
De mañanas tibias y cafés que se enfriaron
sin que nadie los reclamara.
La luz se cuela por la ventana
y se queda un rato sobre la mesa,
como si cada rayo intentara recordar
lo que se quedó flotando en el aire,
entre libros abiertos, ropa tendida
y los murmullos de una ciudad que a veces parece no querer a nadie.
El viento mueve las cortinas
con una brisa que ya no huele igual,
y yo, descalza sobre el piso frío,
escucho cómo cada rincón de la casa
susurra promesas que no fueron,
pero que dejaron su aroma,
su pequeño calor, su rastro leve de belleza.
Y en un rincón secreto del pecho
una raíz quebradiza busca tierra fértil
El café, aún tibio, se desliza por mis labios
de manera amable,
recordándome que la quietud de los días simples
puede ser un refugio tierno
y que cada luminosidad anaranjada
que se estira sobre la tarde
lleva consigo una promesa de calor
canto
letras vivas
poesía que resiste en rama firme
los vientos salvajes.
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