El aire olía a muerte
cuando el fuego devoraba libros,
cuando los militares apagaban voces
a punta de golpes y disparos.
La tortura fue la ley del tirano,
la desaparición,
la condena más cruel.
Chile se volvió un lamento
de madres sin hijos,
de cartas sin destino,
de calles que nunca
volvieron a ser las mismas.
Las cenizas no saben callar:
todavía hablan de los cuerpos,
de las palabras,
de la libertad que intentaron borrar.
Aquí no hay metáfora abstracta; la realidad histórica es el centro, eso es genial. Hacer poesía política es todo un desafío.
ResponderBorrarGracia por pactar seguir hablando de eso. No hay lírica ni poesía que pueda reemplazar algo que la historia nos puede mostrar y re memorizar a través de relatos como este .
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