Te tragas las lágrimas
como si fueran clavos,
te duermes con el miedo
de no despertar entero.
¿Y hasta cuándo?
¿Hasta cuándo serás sombra en tu propia vida,
cargando cadenas que llaman amor
pero que en verdad son barrotes?
Tu corazón late, sí,
pero late cansado,
late como quien pide auxilio
y solo recibe silencio.
No mereces vivir así,
ahogado en un mar sin orilla.
Que lo sepas
el dolor no es destino,
el amor no debería doler tanto.
Miguel Loyola
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